LEVANTE UD: "PARTIDAZO" DEL LEVANTE EN EL CIUTAT DE VALENCIA (2-0)

El Levante es un equipo de alma infinita. Y hasta superlativa podría advertirse. Esta mañana en las instalaciones del Estadio Ciutat de València ha vuelto a demostrarse a sí mismo que no existen diques que no pueda franquear, ni fronteras ni obstáculos que no sea capaz de rebasar con su fútbol y con los códigos que maneja cuando se sitúa en el campo de juego. El grupo que conduce Juan Ignacio Martínez desde el banquillo se siente fuerte y resguardado del frío que parecía atenazar sus movimientos allá por los meses de enero y febrero. Cumplimentada la permanencia en la elite, exhibe una fortaleza descomunal. Su mente es poderosa y su psique la adecuada para tratar de asaltar cualquier desafío que se materialice por el horizonte. Existe una confianza ilimitada en sus posibilidades que cada jugador traslada al verde. El Levante se mueve con una virulencia titánica que le permite enjugar las distancias con adversarios que multiplican su presupuesto. La última tentación de los heroicos jugadores azulgranas fue conquistar al Atlético de Madrid, un adversario que aterrizó en Orriols con la condición de semifinalista de la Europa League entre sus credenciales.
Fuente:Levante U.D y Redaccion RCD

En cierto modo el partido fue de rápida resolución. El Levante golpeó con contundencia para regresar a sus dominios, atrincherarse y salir con rápidas transiciones hacia la portería de Courtois. En realidad nada nuevo por estos lares. El Levante se siente feliz cuando el balón lo gestiona su oponente y cuenta con espacios para armar afilados contragolpes. Y en última instancia apareció Munúa para desarmar las aproximaciones atléticas cuando el partido amenazaba con expirar y Falcao ya se incluía entre los protagonistas de la acción después de surgir desde las tinieblas del banquillo. Sin embargo, para el instante en el que se encontraba el choque parecía complejo reorganizar una confrontación que ya adivinaba al vencedor. El Levante se adentró en el encuentro con la fiereza de un vendaval incontrolado y con la pegada de un ciclón capaz de arrasar con todo lo que aparece por delante.
No tuvo piedad la escuadra blaugrana con su rival. No hubo ni tan siquiera el protocolo habitual de los primeros minutos. Ese tiempo de tanteo y de cierta cortesía y consideración que permite a cada contrincante fijar sus posiciones antes de que las hostilidades neutralicen esa especie de tregua, pero no fue el caso. El Levante se abalanzó sobre el arco rojiblanco sin compasión. Valdo rasgó la portería de Courtois cuando el cronómetro no había entrado en el primer minuto. El atacante cruzó un centro desde el costado izquierdo con un excelente cabezazo que demuestra su versatilidad. El golpe pareció noquear al Atlético de Madrid. Al menos le dejó sin sentido. El bloque de Simeone dobló la rodilla sin apenas solución de continuidad. El despertador no había sonado cuando ingresó en el pasto. La segunda diana la materializó Koné. Fue un centro desde la derecha que el delantero marfileño remató, también con la cabeza, hipnotizando al arquero belga.
Existe un denominador común en el desarrollo y en la ejecución de las dos acciones. Los goles procedieron de la zurda mágica y exquisita de Barkero. Una incursión del vasco por el flanco zurdo acabó en la testa de Valdo y una jugada de estrategia por la derecha condenaba al Atlético de Madrid. Barkero, Valdo y Koné, en su máxima expresión en estrecha y letal asociación. En apenas diez minutos únicamente había el rastro que dejaba el colectivo granota. Su oponente parecía herido. Era el partido apetecido. Aquella propuesta tan salvaje había dado unos réditos un tanto inesperados; dos goles y la sensación de que el duelo navegaba en función de las necesidades e intereses de la sociedad de Orriols. El Atlético acusó la desorbitada y arrebatadora puesta en acción del Levante. Al equipo le costó hilvanar fútbol en la medular. Diego no tuvo la soltura de jornadas anteriores con el cuero y Adrián parecía un islote en las inmediaciones del perímetro defensivo blaugrana.
El Levante quedó anclado a las botas de Iborra. Su figura se fue agigantando al paso del partido. El mediocentro valenciano se hartó de cortar balones que inmediatamente ponía en funcionamiento generando una continuada sensación de peligro sobre la meta de Courtois. El Levante encontró dos vías de acceso para agujerear la defensa rival por los costados rojiblancos. Esa querencia indómita a incorporarse al ataque de sus laterales, principalmente Filipe Luis, determina la creación de espacios libres a sus espaldas. Valdo, Bakero y Ghezzal estaban aleccionados de esa deficiencia. Valdo encaró con opciones por el flanco zurdo de la retaguardia foránea en diversas ocasiones. Munúa era un espectador de lujo en una confrontación que parecía exigirle más, al menos a priori.
No obstante apareció en la segunda fase. Una ágil y decidida salida a los pies de Arda neutralizó quizás la primera aproximación con peligro del Atléti. El partido mudó en esa fase. Juan Ignacio Martínez y Simeone retocaron sus respectivos equipos. El entrenador argentino apostó por Falcao en busca del gol. El técnico local incluyó en el once a Botelho, un gamo por el costado izquierdo del ataque granota, y a Farinós. La presentación del mediocentro fue exquisita. Farinós domesticó con sabiduría un balón que caía del cielo de Orriols. No era fácil esa demostración de sutileza. Minutos más tarde probó los reflejos de Courtois en una jugada colectiva. Farinós le dio al equipo más pausa y sosiego. En el área contraria, Munúa sacaba una mano milagrosa para desactivar un cabezazo de Falcao. Para entonces todo estaba decidido. El Levante elevaba su expediente anotador a cuarenta y ocho puntos resaltando que no hay diques a la ilusión.
Levante: Munúa; Pedro López, Ballesteros, Cabral, Juanfran; Valdo (El Zhar, m. 89), Iborra (Farinós, m. 66), Xavi Torres, Barkero; Ghezzal (Botelho, m. 57) y Koné.
Atlético: Courtois; Juanfran, Miranda, Godín, Filipe Luis; Salvio (Falcao, m. 65), Gabi, Mario Suárez (Mérida, m. 69), Arda (Pizzi, m. 78); Diego; y Adrián.
Goles: 1-0. M. 1. Valdo cabecea picado un centro de Barkero. 2-0. M. 9. Koné cabecea un centro de falta de Barkero.
Árbitro: Iglesias Villanueva. Expulsó a Miranda (79) por doble amarilla. Amonestó a Arda, Diego, Ballesteros, Koné, Juanfran, Salvio, Mario Suárez, Mérida.

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